Resonancias Ancestrales » hijos del cañaveral entre la resistencia y el cimarronaje»
Ingenios : Boca de Niguan – Diego caballero, Kyskeya
Workhorse: Nikon f3 / Ilphordhp5 revelado Por Lab 35 – la peliculera. Madrid.
Resonancias Ancestrales » hijos del cañaveral entre la resistencia y el cimarronaje»
Ingenios : Boca de Niguan – Diego caballero, Kyskeya
Workhorse: Nikon f3 / Ilphordhp5 revelado Por Lab 35 – la peliculera. Madrid.
Resonancias Ancestrales » hijos del cañaveral entre la resistencia y el cimarronaje»
Ingenios : Boca de Niguan – Diego caballero, Kyskeya
Workhorse: Nikon f3 / Ilphordhp5 revelado Por Lab 35 – la peliculera. Madrid.
Resonancias Ancestrales .
" hijos del cañaveral entre la resistencia y el cimarronaje".
Esta instalación fotográfica propone una interpretación sensible del cimarronaje en los antiguos ingenios de Boca de Nigua y Diego Caballero. Más que una evocación del pasado, la obra reimagina desde el lenguaje visual y sonoro una historia de resistencia, encuentro y trascendencia. A través de dos figuras simbólicas —una portadora de la herencia africana (Leisly Montas), y otra de la taína (Frank Martínez)— se entretejen memorias corporales que han resistido al tiempo y al olvido.
Frank » El rebelde del monte» representa la herencia Taína
Leslie » La llama de la rebelión » representa la herencia Africana
Sus cuerpos se cruzan primero en vida, reconociéndose como partes de una misma herida, de un mismo legado fragmentado. Luego, en el plano espiritual, sus presencias se diluyen en el paisaje, dejando apenas la vibración de un legado compartido. La pieza construye así una relectura poética del cimarronaje: no como simple huida, sino como comunión, como alianza silenciosa entre culturas marcadas por la opresión, pero también por la imaginación, la persistencia y la afirmación del ser.
Ingenio de Boca de Nigua
La serie esta realizada en fotografía analógica —una técnica que guarda la textura del tiempo— la instalación encuentra en lo matérico un gesto de resistencia. A la imagen fija se suman sonidos ancestrales, como los palos, que dialogan con el paisaje sonoro actual de los ingenios, ampliando el universo sensorial y simbólico de la propuesta. Este entrelazamiento de lo visual y lo sonoro invita a sentir la historia no solo como recuerdo, sino como presencia activa.
El cimarronaje aquí no solo escapa, también crea. Construye caminos invisibles hacia la dignidad, y hoy, a través de estas figuras, nos recuerda que somos herederos de esa misma fuerza. La obra sitúa esa herencia en el presente, desde donde sigue latiendo, inspirándonos a reconocer la resistencia como una forma de existir, de imaginar y de cuidar lo que somos.
Ana María fue una esclavizada del ingenio azucarero de Boca de Nigua que encabezó simbólicamente la rebelión antiesclavista de 1796, considerada el primer gran levantamiento organizado contra la esclavitud en la actual República Dominicana.
En el Ingenio de Boca de Nigua habita la historia de Ana María. A través de la fotografía fotoquímica —un proceso que exige tiempo para revelar la imagen y que se opone a la inmediatez— se establece una metáfora: así como el revelado requiere espera, el bautizo de Ana María también necesitó del tiempo y de la resistencia para dejar su huella en la historia. Hoy, del mismo modo que la imagen emerge lentamente en el laboratorio, reconstruir esa memoria es el propósito de esta narración fotográfica.
La historia de Guarocuya no transcurre en los ingenios como la de Ana María, pero este relato busca tejer un encuentro imaginario entre ambos, transitando entre la verdad y la ficción. A través de este imaginario poético, se pretende crear un diálogo entre dos figuras que son fundamentales en la memoria histórica de la resistencia anticolonial y antiesclavista del Caribe y de América Latina.
Si bien Guarocuya pertenece a un tiempo anterior, vinculado a la rebelión contra la encomienda y la opresión colonial, su memoria conecta con la lucha de Ana María y los demás rebeldes de los ingenios posteriores.
Dos herencias que se encuentran en medio de la opresión, entrelazando costumbres, saberes y luchas, y dando forma a un tejido de resistencias que se conoce como cimarronaje.
Guarocuya: Guarocuya fue un cacique taíno que lideró, entre 1519 y 1533, una de las primeras rebeliones indígenas contra el dominio colonial español en la isla, defendiendo la autonomía de su pueblo desde la región del Bahoruco.
La muerte era una presencia constante en los ingenios Azucareros, donde la esperanza de vida promedio de los esclavizados apenas alcanzaba los cinco años.
El cimarronaje en la República Dominicana, como en otros lugares de Latinoamérica donde convergieron herencias indígenas y africanas doblegadas por el colonialismo y la esclavitud, sigue siendo una sombra viva: una huella de rebeldía que atraviesa generaciones, memoria de quienes desafiaron la opresión y símbolo perdurable de la lucha por la libertad.